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Decálogo frente a la crisis

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La Iglesia diocesana más vinculada a la acción caritativa y social, desde nuestra fe en Dios Padre misericordioso, y desde el Evangelio, que nos proporciona luz y perspectiva para descubrir un conjunto de “valores‐marco”, capaces de orientar un proyecto de transformación social y de renovación espiritual en la línea del Reino de Dios, tan necesarios en estos tiempos de crisis, nos comprometemos a vivir conforme a esos valores, y a realizar un signo, expresión del compartir fraterno que caracteriza a la comunidad cristiana.

Invitamos, por otra parte, a todos los cristianos y cristianas de la diócesis, así como a los ciudadanos en general, a profundizar sobre esos valores y ese signo, y a asumirlos como alternativa esperanzada que nos permita avanzar hacia ese otro mundo posible más humano y fraterno.

1. Defender la dignidad de la persona y de todas las personas, como valor supremo de la vida social: sujeto y fin de todo orden económico, social, cultural y político; igualdad fundamental entre todos los pueblos y entre todos los seres humanos; la solidaridad universal; la participación corresponsable; etc. y todos ellos desde la perspectiva del pobre.

2. Una nueva forma de relacionarnos con los demás, especialmente con los pobres, desde su dignidad inalienable; sin reducirlos a objeto de asistencia benéfica, etc.

3. Llevar una vida respetuosa con el medio ambiente.

4. Una nueva forma de relacionarnos con los bienes económicos, la economía y el dinero, desde la austeridad en los gastos y el consumo, orientada a la comunión fraterna con los necesitados.

5. Un ser planetario y ecológico, que ejerce su responsabilidad para con los pobres, las generaciones futuras y toda la humanidad.

6. Apoyar e impulsar una “economía de comunión”, basada en valores alternativos como la democracia participativa, la igualdad, el apoyo mutuo, la solidaridad, la justicia social..., a través de fórmulas como el trabajo cooperativo, el consumo responsable y las finanzas éticas, etc.

7. Trabajar con otros, mediante el compromiso social y político o el voluntariado, desde la gratuidad y la solidaridad, haciendo posible la transformación de nuestra sociedad, en orden al bien común.

8. Renovar nuestra espiritualidad cristiana mediante el cultivo, personal y comunitario, de la experiencia de Dios, que tiene que manifestarse, de forma especial, en la atención a las necesidades trascendentes de ls emigrantes y de los pobres en general.

9. Fomentar la lectura cristiana de la realidad, favoreciendo un cristiano lúcido y crítico.

10. Colaborar en la construcción de una Iglesia mística, pobre, samaritana y fraterna que escucha, acoge, vive y transforma la realidad eclesial y del mundo para formar la familia de los Hijos de Dios.

GESTO: Invitar a todos los cristianos y cristianas de la diócesis, y a todas las personas que quieran expresar su solidaridad, a entregar un donativo generoso con motivo de la paga del mes de julio, para ayudar a los más desfavorecidos, a través de las Delegaciones Diocesanas de Caritas o Manos Unidas, o de otras entidades socio‐caritativas.

 [1]

Viernes 2 de julio de 2010, por Javier

Notas

[1] Delegaciones y organismos diocesanos que convocan el acto y suscriben el decálogo: Apostolado Seglar, Cáritas, Consejo Diocesano de Acción Católica, Manos Unidas, Migraciones, Misiones, Pastoral Juvenil, Pastoral Obrera, Pastoral Penitenciaria y Pastoral Universitaria.


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