Localización - Contacto - Login

Estás aquí: Portada > Documentos > Guardados

Manifiesto diocesano ante la crisis

Enregistrer au format PDF |Enviar la referencia de este documento por email title= enviar por email

APRENDER DE LA CRISIS: URGENCIA DE UNA PERSONA Y UNA TIERRA NUEVA

Casi 3 años de crisis son tiempo suficiente para un balance de lo que está suponiendo y de cómo la estamos afrontando en orden al “advenimiento del Reino de Dios y la salvación de toda la humanidad” (GS, 45). En ese sentido hemos aprendido algunas cuestiones respecto a:

La comprensión de la crisis y del mundo que entra en crisis:

- No se trata sólo de una crisis financiera y económica sino, ante todo, de una crisis de sufrimiento del ser humano, especialmente de los más pobres, fruto de decisiones y responsabilidades humanas.
- El problema de fondo de la actual crisis es de tipo espiritual: divinización del dinero.
- Un dios‐dinero que ha creado un modelo de persona individualista y alienada que confunde el ser con el tener, y un sistema basado en la primacía de la producción sobre la persona, del dinero sobre el trabajo y del beneficio monetario sobre cualquier consideración, basándose para ello en la explotación de la mayoría de la humanidad, especialmente del Tercer Mundo y de la naturaleza.

Las víctimas y sus aportaciones a la construcción de un futuro mejor:

Una crisis que provoca innumerables víctimas inocentes, que se manifiesta: en el incremento del hambre, especialmente en los países más pobres, y que ya superan los mil millones; en el paro, precariedad y pobreza, haciendo que en nuestro país más de 8 millones de trabajadores y trabajadoras que alternan contratos temporales con periodos de paro; especialmente inmigrantes, jóvenes, mujeres… también autónomos y trabajadores independientes. Constatamos, una vez más, que los pobres aparecen en muchos casos como resultado de la violación de la dignidad del trabajo, Junto a esas víctimas, buena parte de la sociedad vive la crisis como amenaza, como miedo a perder parte de su bienestar y seguridad.

En este contexto descubrimos signos positivos de la presencia del Reino, como un incremento de la solidaridad a través de diversas formas de compromiso y voluntariado, en las políticas de protección social; en la mayor sensibilidad hacia los problemas del Tercer Mundo, en el compromiso solidario de muchos jóvenes y, en el surgimiento de formas de solidaridad y autoayuda entre las propias víctimas. Pero también antisignos, como la aparición de comportamientos insolidarios: el egoísmo grupal, la criminalización de comportamientos y problemas sociales vinculados con la pobreza (top manta, por ejemplo), formas de racismo etc.

Nosotros y nuestras esperanzas.

La crisis se ha convertido en ocasión para reflexionar sobre nuestro estilo de vida y nuestro compromiso en el mundo, y para repensar el talante comunitario necesario para anunciar el Reino de Dios hoy y aquí. En ese sentido tenemos que reconocer que: la crisis la hemos creado todos, aunque con diferentes responsabilidades; y que la solución no va a venir sólo de la economía. Su superación va a exigir sacrificios, y tenemos que plantearnos quién paga los costes, desde una conciencia social y moral. Por ello, es necesaria la participación de todos, aportando lo mejor de cada uno; nosotros, como cristianos, estamos llamados a aportar los valores del Evangelio, sintetizados en el Padrenuestro y las Bienaventuranzas.

Para llevarlo a la práctica nos proponemos un decálogo de medidas, y un gesto concreto que presentamos a continuación.

Jueves 1ro de julio de 2010, por Javier


Agenda
« enero de 2018 »
L M M J V S D
1 2 3 4 5 6 7
8 9 10 11 12 13 14
15 16 17 18 19 20 21
22 23 24 25 26 27 28
29 30 31 1 2 3 4

Próximamente...